LA PICARRA

La Picarra Que nombre tan bonito, cuando la nombro me trae recuerdos inolvidables, esta explanada estaba bajando desde la Iglesia al cuartel de la guardia Civil, tenia un peldaño como de 40cm para impedir que entraran los vehículos en la Zona del mirador, ya que era el techo de unas casas, al fondo había una caseta pequeña donde se almacenaban y servían las bebidas, era pequeño, pero tenían de todo. 
Lo mas valioso eran las vistas que tenían hacia el Santuario, se veían todas las huertas hasta el Arba , la capilla de la Virgen del Pilar, el convento del padre Emeterio, la rosaleda; ahora eso se ha terminado por la construcción de unas viviendas enfrente de la carretera muy elevadas , una verdadera pena , ¿Cómo se ha permitido eso?, se ve que los planes de Urbanismo no están muy finos. 
Eran como dos miradores que se enfrentaban, la muralla del Santuario y la Picarra que era el mirador de Tauste los dos miraban al Arba como parte mas baja del valle, el primero era para la niñez mirábamos los caminos como se acercaban los coches y subían la cuesta y cuando llegaba arriba lo recibíamos con una algarabía, el segundo para la adolescencia como mirando que será de nuestra vida.
 Allí corría mucho el aire y en las tardes de verano agradecías que te acaricie la piel, estaba repleto, había mesas y la bebida más frecuente era la angelita , cerveza , gaseosa a partes iguales y un vasito de vino dulce, eso daba la chispa y eso si, se bebía en porrón, los vasos era un incordio había que lavarlos se rompían , el porrón era la solución , allí al atardecer nos juntábamos los veranos a pasar los calores . 
Era un lugar de reunión nos juntábamos los veraneantes y los que vivían todo el año , hacíamos apuestas pulsos, chistes, acertijos, cantábamos; es curioso no tengo recuerdos de chicas seguramente las habría, pero no era frecuente, allí estábamos hasta que anochecía luego ya se vaciaba hasta el día siguiente, me acuerdo de Moisés Sanchez, Adell el hijo del veterinario que se hizo aparejador y fue jefe de bomberos de Zaragoza, Lambea que nos entretenía con sus historias que contaba magistralmente, también Buil el de la verduras que era un bailarín consumado o de eso presumía, mas adictos eran Los Castillo, Adolfo Pelayo, algún veraneante invitado, venía uno de Tudela que sabía muchos chistes, curiosamente se llamaba como el nuestro Rafael Casajús. 
 Adolfo por supuesto nos ganaba a todos al pulso y también a cantar, al poco se marchó a Barcelona a estudiar en el Liceo, era una persona de fiar. Cuando llegue a Barcelona el junto con Aragüés el que se casó con Susanita, me llevaron a visitar la ciudad, vimos las relojerías de las ramblas repletas de joyas caras y decía Adolfo que con medio caíz de esto se conformaba, fuimos claro al Molino a ver al tal “Jhonson”. 
Vecinos no había muchos, así que no molestábamos más de la cuenta. había un juego que le gustaba mucho a Chusmari uno empezaba a contar uno , le seguía el de la derecha dos, y así cuando llegabas a las 7 tenías que decir pin y el conteo seguía cambiando de sentido, para complicarlo había que hacer lo mismo cuando en la cifra aparecía un 7 o era múltiplo de 7, no cabe duda cuando llagabas a la decena del 70 te volvías loco.
 Abajo en la carretera donde paraba el autobús estaban estos edificios cuya parte trasera era la peña y por ese lado, claro no tenían ventanas, la parada del autobús era importante centro de comunicaciones, en ciertos tiempos cuando el autobús se llenaba, los pasajeros  subían a la baca, cuentan que una vez venían en la baca empezó a llover y uno se metió en una caja de muerto que estaba vacía, bajaron todos y al subir nuevos viajeros cuando iban a la próxima parada se despertó el de la caja, saco una mano y pregunto ¿ya ha acabado de llover ¿, la gente pensó que salía el muerto y se tiraron de la baca, en fin cosas; un chistoso cuando le dijeron que estaba lleno que tendría que ir en la baca pregunto y a que hora sale la vaca. 
Al volver a la picarra
 He sufrido un desengaño
 Cada vez me acuerdo mas
 De los tiempos de antaño. 
Pepe Duaso 13/7/25

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