recuerdos de la niñez 2

EL TAUSTANO AUSENTE

La importancia de pasar la infancia en un pueblo.

Aseguran que tu patria es tu infancia; para poder ser feliz debes ser fiel a tu infancia, cuando eres mayor recurres muchas veces a la época de tu niñez decía una copla de D.  Manuel Ruiz Baquedano en un programa de fiestas 

Ser hombre era de pequeño

El mayor deseo mío

Aura que ya soy hombre

Quisiera golveme crio

La libertad de elegir que tienes en un pueblo cuando eres pequeño es ilimitada, con aparecer a la hora de comer y a la de cenar tú eras el dueño de ti mismo durante todo el día.

Tenía diversidad de amigos con uno de ellos iba a recoger hierba para los conejos, aprendías a identificar la comestible, los lechazinos, con un poco de alfalce también llenaba el saquete; era un poco mayor que yo muy diligente y obediente a su padre que era guardia civil, me contaba muchas cosas del cuartel, era una gran familia, todos tenían sus casas en el mismo recinto, a veces era mi protector era muy alto y fuerte, este iba a mi curso.

Otro amigo más secreto me enseñaba cosas para sobrevivir, cazábamos pajaricos con cepo, cogíamos hormigas de ala cavando porque estaban escondidas en el hormiguero, eran las reinas, la clavábamos en el ganchito del cepo y la colocábamos debajo de un árbol ella movía las alas y el gorrión no se podía resistir caía seguro, con este amigo que vivía en una huerta aprendí a coger las primeras setas, eran de árbol y salían de los troncos  yo nunca las comí, en mi casa no me hubieran dejado pero en su casa si se las comían, para mí era un experto.

Coger regaliz tirando de la raíz era un ejercicio que requería mucho esfuerzo si no llevabas una azadilla que nunca llevábamos.

Con otro amigo este mas esporádico un día hicimos tula, él era un experto y yo no sabía que podía dar tanto de si una mañana sin escuela, cogimos las bicicletas fuimos hasta el tercer barranco descubrimos la cueva de las siete salidas, no convenía  dejarnos  ver en el pueblo así no preguntaría la gente y no lo sabrían nuestros padres,  fuimos hacia las Bardenas por donde ahora está el cementerio, antes estaba  cerca del depósito del agua; ahora que hablamos de difuntos , nosotros teníamos un cura que nos daba latín mosén Santiago y la clase era a última hora, y  si había entierro nos librábamos, en la plazoleta de colegio donde ahora está la residencia de ancianos  guardaban los coches fúnebres, iban tirados por caballos y el duelo primero se hacía en la plazoleta , los más amigos iban hasta el cementerio siempre andando, para dar el pésame más íntimo.

Cazar gorriones con el tirador era una aventura emocionante, el primer pajarico que mate le acerté a una distancia muy considerable mi padre se quedó sorprendido, también se quedó muy sorprendido cuando con una barra de un metro con una punta afilada le tire a un gato que iba corriendo a unos quince metros, la barra dio varias vueltas y lo deje clavado en el suelo ahí vio mi padre que yo tenía poderes.

Me gustaba ir a pescar yo me hacía mis aparejos, para lo que tenía que saber unos nudos, el de sujetar la pala  del anzuelo era complicado;  con una caña con anillas y un sedal arrollado en una lata de tomate vacía hacia mis lanzamientos, la lombriz era el mejor cebo sabíamos dónde había, en San Antón detrás de casa Vigata había una acequia siempre húmeda cogíamos unas muy grandes hasta 10 centímetros, en esa época tenía un amigo fijo, lo que se dice un amigo, pescábamos , echábamos un pulso y jugábamos al ajedrez , las chicas todavía no habían aparecido en nuestro universo ni las necesitábamos, bicicleta , pesca, ajedrez y a nadar al canal.

Lo de nadar era toda una vida yo llevaba traje de baño, pero no todos los chicos lo llevaban, el canal era una buena prueba justo cuando cruza al Arba en las trabas hay un trecho de hormigón y es mucho más rápida la corriente, yo era de los pocos que lo remontaba, claro que yo había aprendido a nadar en la piscina de Vigata, allí cuidabas el estilo y te entrenabas por decirlo así.

En las trabas íbamos a pescar antes de cruzar el canal, en el Arba había una badina con un remanso y allí había muchas carpas, la carpa al picar el corcho se tumba ya que ella pica haca arriba, por eso las distinguíamos y entonces tirábamos de lado, los mejores pescadores de Tauste eran los corseteros, solían cebar el rio con pepitas de melón y así pescaban mucho; pesqué con ellos en Novillas en el embarcadero, luego se fueron a Barcelona y les perdí la pista. Lo que pescábamos mucho eran anguilas en el chorro de la fuente había muchas, llegaban a casa y todavía estaban vivas es más les cortabas la cabeza y seguía abriendo la boca un buen rato, eso impresionaba. Pero era el pescado más comestible.

La bicicleta merece una mención aparte era nuestra vida, en casa teníamos tres bicicletas dos de adultos y una muy pequeña, las tres eran de chica  teníamos tres hermanas mayores, pero pronto las heredamos, se guardaban en el bajo de la escalera entonces no se robaba nada además hubiera sido inútil las habríamos reconocido enseguida, eran Especial BH un gran sillín con muelles muy buenos, podíamos atravesar cunetas sin levantarnos del sillín, a propósito de no robar, en casa para que los pequeños no tuviéramos que llevar llave mi padre hizo un mecanismo que al girar el tirador redondo de la puerta se abría el pestillo, no hacia falta llamar al timbre, bueno a lo que iba, las bicicletas eran nuestra libertad íbamos de excursión a las trabas , a la fuente de Lopeten , por el camino de las viñas había muchos sitios las norias , el chorro de la fuente donde desaguaban las aguas fecales, nosotros pescábamos más arriba claro , por allí estaba la canaleta el indio, a veces la cruzábamos para llegar al otro lado del Arba , eso hacían muchos hortelanos,  nos daba repelús por que en la canaleta había muchas sanguijuelas y si se te agarraban decían que había que quitarlas quemándolas con un cigarro por que si no se te quedaba la cabeza dentro; más allá del Arba no se solía ir, la Virgen del Pilar también era límite para los novios, más allá no.

Con la bici acompañé a Josecho que tenía que hacer unas gestiones en Pradilla, a Gallur también fui alguna vez, cosechábamos una tierra en el campo de aviación, pero no era normal ir tan lejos. Las bicicletas llevaban atrás debajo del sillín una bolsita con herramientas, una llave que valía para todo y serbia también para desmontar la cubierta y sacar el neumático, también había una lima y unos parches pero no los pegábamos bien, al final teníamos que ir al taller de bicicletas, qué estaba  en la carretera al lado de San Antón allí pasábamos buenos ratos viendo al del taller trabajar, que gusto daba ver trabajar, nos fijábamos mucho, también en la carretera y muy cerca había un carretero y pude ver como se ponía la llanta de hierro a una rueda de madera, comprendí muy bien uno de los secretos de la física, calentaban la llanta al fuego y rápidamente la colocaban alrededor de la rueda de madera y seguidamente le echaban unos pozales de agua, al enfriarse cerraba con una gran fuerza la rueda de madera apretando los radios también de madera de forma que no se podían salir

2ª parte

Yo me sentía un poco especial teníamos inventos propios, mi casa daba a la calle de la Plaza, nadie la llamaba calle German, en la calle vivíamos en la segunda planta pero por la parte de atrás daba al callizo de las monjas por una ventana, allí mi padre fabrico una escalera  de tubo por la cual se podía bajar fácilmente, era muy rápido a veces  de un salto, mi tío Luis nos permito tapar en parte su puerta de atrás y nos facilitaba mucho las cosas íbamos al corral de las gallinas , cierta temporada teníamos allí  cerca  un garaje para encerrar la picaraza.

Por la noche levantábamos la escalera como si de un castillo se tratase impidiendo el paso como un puente levadizo.

En esa época había un personaje muy querido por todos los chicos Mariano el Topo nos entrenaba al futbol a balonmano y hacíamos unas volteretas como en un circo, él se ponía en el suelo con las rodillas hacia arriba, nosotros corríamos hacia él nos apoyábamos en sus rodillas y dábamos la voltereta él nos empujaba en la espalda y salíamos disparados, me hubiera gustado hacerlo con mis hijos, pero yo no estaba en Tauste y Mariano tampoco estaba, en fin, todo pasa.

El colegio de D. Cirilo y Dña. Matilde era una vida, cada uno llevaba la suya recuerdo a D. Cirilo por su facilidad para enseñar matemáticas e incentivarnos a cada uno según su forma de ser, Dña. Matilde se volcó conmigo o yo así lo veo y la Srta. Fanny nos encandilaba y la verdad hizo un buen trabajo creo que en el ingreso nadie suspendió por lo menos en aquellos años. Allí empecé a notar que unas chicas me caían muy bien , unas mucho mejor que otras , aquella niña no era nombrada como de las más guapas, a mi si me lo parecía, la verdad es que era muy delgada, nos hicimos amigos y hablábamos con naturalidad, a ella le ponían un bocadillo de tortilla exquisito calentito con pan recién hecho de su panadería y buenísimo, ella tenía un problema se lo tenía que comer y no lo iba a tirar así que me lo conto un día y naturalmente que le ayude estaba buenísimo y yo a esas hora tenía un hambre desatada, ella me debió de ver como de confianza y así nos hicimos amigos , luego le paso como al patito feo se convirtió en un cisne precioso se hizo mayor muy pronto, yo ya la vi fuera de mi alcance, se fue a Francia a Estudiar

Íbamos creciendo y los veranos vivíamos la cosecha, aquello fue una época de formación y de trabajo. tan pronto podíamos coger un saco, tanto mi hermano como yo ayudábamos, la cosechadora tenía tres puestos uno conducía el tractor otro llevaba el corte subiéndolo cuando había alguna piedra para que no se rompiera la cuchilla y el tercer puesto era en la plataforma de los sacos allí había dos tubos en bypás con una compuerta llenábamos uno  mientras atábamos el otro muy fuerte , no se podía aflojar tenía  que sufrir un proceso de carga y descarga de forma que si se abre en ese proceso era un trastorno grande.

Una vez atado lo echábamos al tobogán y allí esperábamos hasta que pasáramos en cada vuelta por el punto de descarga.

Después de cosechar, ya por la noche y ya con la fresca, recogíamos los sacos extendidos por el rastrojo.

Mi hermano conducía el tractor haciendo curvas para acercar lo más posible el remolque a los montones de sacos.

Uno cogía la boca del saco y lo acercaba, otro lo cogía por los currugones y el tercero empujaba, acompasando al segundo vaivén.

Cuando era ya la quinta fila había que coger el ritmo, uno arriba lo colocaba, cuando tocaba, hacia llave pisando las bocas de los dos sacos próximos.

Nos limpiábamos el sudor de la frente, mientras tanto Babil con la ayuda de Alberto, ataba la carga.

Lanzaba el cabo de uno a otro lado, el otro lo devolvía, para tensarlo se cogían pinzas que multiplicaban el esfuerzo.

Al final un nudo que no se soltase, había que saber, siempre era el mismo nudo.

 Después de cenar y ya de noche, nos subíamos al remolque para ir al pueblo, nos tumbábamos encima de los sacos y el recorrido que era de aproximadamente una hora siempre fue maravilloso, entonces la Luna nos seguía, en la osa mayor contabas cinco veces el eje trasero del carro y estabas en la estrella polar, cabecera de la osa menor. Siempre mi padre nos enseñaba a mirar el cielo. Aquella hora disfrutando de esa bóveda celeste me hacía sentirme como que pertenecía al universo, que felices éramos y no nos dábamos cuenta de que eso era lo más valioso y que siempre añoraríamos.

El remolque muelleaba con los baches del camino, el viaje duraba cerca de una hora, pronto se veía el reloj de la iglesia, las luces del pueblo ya se notaban.

Pasábamos por el campo de aviación, cruzábamos el Arba, pasada   la Virgen del Pilar oíamos música que provenía de la Verbena de la Estación, sonidos de risas de las chicas, faldas de colores vivos revoloteando, aquello nos traia de nuevo a la tierra, los jardines de la Rosaleda se llamaban.

Pasábamos por el cuartel y poco después enfilábamos la carretera.

Al llegar a casa Vigata, Babil metía una marcha corta y aceleraba a tope, no se podía cambiar de marcha a media cuesta.

Ya por el taller de Gadea, la cuesta estaba vencida.

Pronto llegábamos al corral de Balborroyo, metíamos el tractor con el remolque, no lo descargaríamos hoy, era tarde y la calle nos llamaba madrugaríamos y nos daría tiempo, no se podía cosechar muy temprano con la correa en la paja.

Por la mañana ya en el campo, engrasábamos y mientras se hacían las migas todos comíamos en la misma sartén, se bebía mucho vino clarete con gaseosa, el vino daba fuerzas se sudaba mucho, pero se aguantaba. Yo creo que el vino alimentaba.

A la hora de comer Babil cogía la hogaza de pan se la ponía en el pecho y le hacia una cruz de arriba a abajo y de izquierda a derecha, luego cortaba los trozos en ángulo de forma que todos tuviésemos la misma cantidad de corteza. Al pan se le tenía mucho respeto, siempre se le ponía hacia arriba, si se caía al suelo se limpiaba y se le daba un beso al pan bendito, se ofrecía por orden, no se podían caer las migas al suelo, eran costumbres que nos inculcaban los obreros. Cincuenta años más tarde en México invite a comer a mi hija con una amiga polaca y comimos sopa de cebolla que lleva pan y hablando del aprovechamiento del pan duro, vino al caso y le explique esas costumbres sobre el pan, la chica polaca se emocionó, cuando ya pudo hablar, nos contó que en su tierra existían las mismas costumbres. El pan es religión, el pan nuestro de cada día. No se tira ni un currusco de pan, es pecado

En la agricultura siempre había que hacer reparaciones, nos gustaba ir al guarnicionero, al carpintero, al herrero, al hojalatero, oficios preciosos daba gusto ver al guarnicionero dibujar y cortar con tanta precisión la badana, coserla con la aguja y la lezna, el control de calidad lo hacia la misma persona así salían bien las cosas. Estos talleres eran centro de reunión de gente que iba a pedir una reparación o simplemente porque allí se estaba bien, había buenas conversaciones era toda una cultura.

Nuestra madre no nos quería ver holgando y nos llevó de aprendices a mi hermano en una carpintería y a mí en un taller mecánico, me daba envidia mi hermano era más divertido la carpintería, los clavos en la boca, luego se los pasaba por el pelo para conseguir un poco de grasa cuando el clavo era gordo.

Hablando de oficios me acordare siempre de un alpargatero que había en la esquina al final de la calle….   cerca de la forja de Aznar. Te quedabas hipnotizado por la rapidez y precisión de las manos; hacia las suelas de las alpargatas en una mesa diseñada con ese fin, inclinada con unos topes y salientes para apretar bien la cuerda, era una cuerda ancha de esparto que había que atar muy compacta con una liza y una gran aguja, luego encima se le cosía una tela con forma de zapatilla, yo de pequeño nunca las llevé, de mayor me di cuenta de que eran comodísimas, solo había un problema no se podían mojar.

Una diversión muy estimulante era pescar ranas en la balsa, todas balsas tenían nombre esta era de los juncos tenía un acuífero que venía de las faldas del Santuario y se llenaba todos inviernos , de ella cogíamos agua en enero para llenar el pozo interior de la caseta, bueno pues allí había muchas ranas ahora  servirían para medir el grado de pureza por la existencia de ranas entonces no hacíamos esas cosas, para pescarlas atábamos una bolita de lana roja al extremo de una cuerda y  con una caña  la paseábamos por delante de la rana, no hacía falta insistir se lanzaba a por ella y se la tragaba hasta adentro, al tirar  con rapidez no le daba tiempo a escupirla , lo hacia una vez en tierra y entonces ya era nuestra, muy divertido; cuando lo que queríamos era comer unas raciones de ancas de rana íbamos por la noche con linterna y zas al saco por la mañana la cogíamos de las patas y contra una piedra era un manjar muy apreciado no hacíamos ascos a nada. Bueno el rancho era a veces una mezcla de carnes de todo tipo, también entraban los caracoles y que buenos y grandes eran los caracoles del santuario.

Cosechando a veces veíamos un conejo, mi padre no nos dejaba llevar escopeta, pero íbamos al cado y poníamos trampas con alambre de cobre eléctrico en la boca de la madriguera, la verdad es que no era un sistema muy eficaz.

En invierno cuando la tarde ya pardea allí en la paridera, la sombra del Santuario crecía y se largaba. Se oían las esquilas del rebaño que llegaba, los pastores iban de recogida, metían las ovejas y se hacían la cena, las ovejas no eran de ordeño eran para carne. Los quesos los hacían en el Roncal, luego comprobé que en Palencia las ovejas eran de ordeño y el queso era el producto mas importante, por eso aquí se comían los corderos cuando eran lechazos, todavía mamaban, así se les quitaban pronto la madre y podían ordeñas antes.

Los sonidos eran audibles, las ranas. Los grillos, los pajaricos, para percibir esto hacía falta el silencio, los perros que ladraban a lo lejos, me gustaría poder oírlos ahora, el canto de los pájaros que se lo toman muy en serio tanto para avisar del peligro del gavilán como para enamorar a sus parejas, una forma de selección de la especie, hay pájaros como el sinsonte cubano que hace 400 voces diferentes.

 Pepe Duaso

Unos recuerdosestan enfocados a vivencias en los corrales de la fabrica de aceite, Almazara, y el corral de Balvorroyo donde guardábamos el trigo,

Bien, el corral de la fabrica era muy grande entrabas por la carretera o por la casa yo creo que mediría unos 3.500m2 , tenia un huerto que creo que llevaba Fidel un hortelano muy simpático con una hija muy guapa, todavía recuerdo como picaba la dalla, eso lo hacia a la puerta de su casa al atardecer, se sentaba en la acera, clavaba el yunque en el suelo y con un martillo golpeaba con maestría para quitar los dientes que se habían formado al segar la vez anterior, se picaba hasta dejarlo todo en un mismo plano, luego con la piedra de afilar mojada se lograba dar el Angulo del filo de forma que no fuese tan fino para que durase poco, pero si lo suficiente para que cortase sin grandes esfuerzos, al gunas veces también segaba con la hoz, esta tenia sierra, era corta unos 40cm y para no cortarse la mano que recogía el haz de trigo, de cebada o yerba se colocaba en la mano izquierda un protector de madera para la mano, tenia una cuerda, se llamaba zoqueta, nombre que significaba zurda, un apunte muy interesante es que a los niños que escribían con la izquierda se les llamaba zoquetes y el maestro les daba un cachete cuando escribían co esa mano. Había que escribir con la derecha, mi padre tenia mucha preocupación por saber si en algún momento nos habían corregido, el creía una atrocidad corregir a los niños, yo a mi edad ahora ya no se corrige esto, compruebo que los zurdos son personas más determinadas. han tenido que vencer ciertas manualidades, escritura, cortar con tijeras de diestros.. a propósito me he informado si existe al guna hoz para zurdos y así es, la hoz tiene dos caras en una esta el filo en la otra los dientes , el filo debe ir siempre por la parte baja para cortar bien , el precio de una hoz para zurdos es un poco más cara que la de diestros, naturalmente. En esto de los zurdos comprobamos que había muchos niños que chutaban con la izquierda, el maestro no les decía nada, mi hermano era uno de ellos y tenia ventaja para ser extremo izquierdo era necesario ser zurdo, el hijo de mi hermano es zurdo y yo tengo una hija zurda.

Bueno que me he  ido por las ramas, en ese corral había una zona para jugar al futbol éramos unos 8 casi todos primos alguno de fuera a veces, había un muelle donde se descargaban y cargaban el aceite y las olivas, había una gran nave de mucha altura era el olivero allí se almacenaban las olivas en grandes montones , había una gran esaclera con tres patas, para que tenga un asiento fijo y un banco arriba para estar seguros , creo que la llevaban para coger las olivas, esas se cogían en invierno, pasana mucho frio los oliveros, tanto frio que con los desdos no podían hacer el currujon? Juntar la punta de los dedos.

La molienda se hacia por maquila , es decir cada agricultor llevaba las olivas y el dueño de la fabrica se quedaba una parte.

Para la descripción d la molienda recabo la ayuda de mis primos Mariano y Javier para que se explayen, yo sigo con el corral y nuestras actividades, aparte de jugar al futbol era un buen lugar para jugar al escondite, había muchísimas dependencias , también nos columpiábamos con unas cuerda slarguisimas y que rozaban los ángulos de las cuadernas conriesgoa romperse , bueno todo era riesgo, hacíamos una practica muy peligrosa pero con mucho cuidado, hacíamos un agujero en una lata , y la poníamos boca abajo en un hoyo que ya estba prefijado, en el hoyo echbamos agua y luego añadíamos carburo, al poco se había formado una mezcla explosiva , acercábamos la mecha y subía a unas alturas considerables, esa practica creo que solo la hacíamos nosotros, en parte por que no era conocido y por la compra en el mercado negro.

Dejo ya este corral para que mis primos se explayen con la molienda  y con el baile que se hacia en el olivero, con los mozos y mozas del pueblo y con los aucos que nos picaban el culo.

El corral de balboroyo, era de mi tio Luis, allí encerrábamos el tractor y era el granero del trigo, luego Miguel guiaba la yegua de mi tio que la aparejaba para tirar de un carro que hacia el reparto de los muebles de la tienda, Miguel se entendía mucho mejor con la yegua que con las personas, le daba unos gritos y la yegua ya sabia que tenia que hacer. Por cierto, para guiar a los animales en Tasute se decía “mao mao” para que torciera a la derecha y “guesque” hacia la izquierda, luego he comprobado que aquí en Palencia era lo  mismo puede ser internacional creo yo, son cosas que se me ocurren.

En este corral jugábamos a la picoleta, el corral era grande y sin estrobos, era un juego muy curioso y que yo nunca mas he visto jugar, la pieza importante era la “picoleta” que era un trozo de palo de escoba de unos 15 cm con una punta cónica por cada lado, otro instrumento era la pala, una pala plana de unos treinta cm con un mango . un jugador defendía la plaza se trazaba un circulo de unos dos metros de diámetro, el otro lanzaba la picoleta para meterla en el circulo si no lograba meterla, el defensor picaba en na punta la piza saltaba y una vez en el aire se golpeaba los mas lejos para que al otro le fuese difícil en otro intento meterla en el circulo.

En ese corral tuve un episodio que me asusto mucho, era yo muy niño y había visto al conductor del tractor ponerlo en marcha y para al tractor, era un Johon Deere verde con las ruedas delanteras juntas, me senté lo encendí meti la marcha y no podía parar empecé a pedir socorro mientras no paraba de dar vueltas , menos mal que mi tio Ángel Cruchaga me salvo, ya no lo volví a hacer.

En el granero descargábamos el trigo y lo limpiábamos con la aventadora para que nos lo acepasen en el servicio nacional del trigo sin que nos hicieran descuentos , esa operación nos llevaba unos días según había sido la cosecha. Eso nos hacia mas fuertes.

 

Otros recuerdos son del colegio, entrabamos a las 9h  D.Cirilo nos impartía  la primera, clase a mi se me daban bien las matemáticas, sabia muy bien incentivar a los alumnos, a veces nos pasaba a una clase superior cuando tenían algún fallos para ridiculizarlos ya que sabía que nosotros la responderíamos bien, al principio éramos seis chicos y dosa chicas Fina Soria y Ana Latorre.

Estábamos en una clase muy grande y allí estudiábamos, luego nos pasaban a las clases de cada grupo, La Srta. Fani nos encandilaba era muy guapa y simpática a la vez que eficaz, todos aprobábamos el ingreso que era lo de ella.

Ya un poco mas mayores nos ponían en una mesa grande  le llamábamos el tranvía, allí Lambea nos entretenía con sus historias, nos explicaba las películas con mucho mas interés que si la hubiésemos visto,

Había unos servicios y al final había una bañera donde echábamos ranas al final se llenaba  de cabezudos.

Cuando llegábamos pronto nos poníamos a jugar al frontón en el atrio, nos conocíamos todos los rebotes que podía hacer la pelota, era muy entretenido, y en la plaa jugábamos al futbol claro.

Había un torneo los del Colegio, los de acción Católica y los de San Antón, yo jugaba con Moisés en el de acción católica, con el enfado de Pedro que me llamaba traidor, yo no jugaba mal al futbol, sobre todo era bueno de cabeza.


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